En los últimos años, el tratamiento farmacológico de la obesidad ha experimentado un avance sin precedentes. La aprobación en 2021 por parte de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) de un fármaco específico para el control crónico del peso marcó un punto de inflexión en el abordaje de esta enfermedad. Desde entonces, el uso de medicamentos como la semaglutida, la liraglutida o la tirzepatida se ha incrementado de forma notable, impulsado tanto por prescripción médica como por su creciente visibilidad en medios de comunicación y redes sociales.

Sin embargo, este auge ha generado una preocupación creciente entre los profesionales sanitarios. El doctor Carlos Sala, jefe de la Unidad de Obesidad del Hospital Quirónsalud Valencia, advierte de que la normalización del consumo de estos fármacos fuera de un contexto clínico adecuado puede derivar en una banalización del tratamiento de la obesidad y en un desconocimiento real de sus posibles efectos adversos.

“Estamos observando cómo medicamentos diseñados para tratar una patología compleja se están utilizando como soluciones rápidas para perder peso, sin una evaluación médica adecuada ni un seguimiento especializado”, señala el especialista.

Más allá de la pérdida de peso: una enfermedad compleja

La obesidad es una enfermedad crónica y multifactorial que requiere un enfoque integral. Según los expertos, el tratamiento farmacológico debe formar parte de una estrategia médica personalizada que incluya cambios en el estilo de vida, seguimiento nutricional y control clínico continuado. El uso aislado de estos medicamentos, especialmente cuando está motivado por tendencias digitales o recomendaciones no profesionales, puede aumentar el riesgo de complicaciones metabólicas, digestivas y hormonales.

Además, los especialistas recuerdan que no todos los pacientes son candidatos a este tipo de terapias y que su prescripción debe basarse en criterios médicos claros, tal y como indican las guías clínicas internacionales y organismos reguladores como la propia FDA o las sociedades científicas de endocrinología.

Llamamiento a la información y al uso responsable

Desde el ámbito sanitario se insiste en la importancia de informar correctamente a la población y evitar mensajes simplificados que presenten estos tratamientos como soluciones universales. La obesidad no es un problema estético, sino una enfermedad con impacto directo en la salud cardiovascular, metabólica y psicológica.

“El riesgo no está en el medicamento en sí, sino en su uso sin control médico y sin comprender que la obesidad requiere un abordaje a largo plazo”, concluye el doctor Sala.